Charly.

Con tan sólo apenas un año tenía pánico a mujeres y niños, a la gente en general.

 

Desnutrido y abandonado llegó en los huesos. Es el perro que nos enseñó más de todos los que han pasado por aquí, un animal que nunca se rendía, con un coraje admirable a pesar de su miedo. Estuvo 8 meses rehabilitando, con la ayuda de Elle Tedesko. Fue cuando supimos la adicción que crea y la necesidad que hay de rehabilitar perros, ayudando a otros refugios ya que es un trabajo que no pueden realizar.

 

Volvió a la protectora de origen pudiendo ser sacado a pasear por los voluntarios, tocado, acariciado, esperando que cuando fueran a adoptar la gente se fijara en él y le diera la oportunidad de vivir en un hogar.

 

Charly no era de raza, Charly era un chucho y los humanos buscan razas.

 

Mientras él esperaba ese corazón sincero, una leishmania silenciosa y traicionera (en los análisis salió negativa, pero en los de test rápido) le atacó fulminantemente por dentro teniendo los riñones muy afectados, en tan sólo 3 meses.

 

Charly se moría, volvió a nuestro hogar para morir con su amiga humana que tuvo en ese último año de vida, la Teniente Ripley  y dejar un legado: ser un “Charly”  no puede significar ser condenado. 

 

Su vida fue una condena como la de tantos otros maltratados y charlys. Si esta histoira te ha tocado el corazón, recoge su legado: los chuchos o mestizos los llamamos charlys en honor a él, para que te pregunten, cuentes su historia y puedas concienciar gota a gota sobre las razas y los charlys.

 

Pon un charly en tu vida, él no te juzgará por tu “raza” o “estatus”, sólo hará lo que los perros abandonados mejor saben hacer: aceptarte con tu mochila de vida, porque ellos ya tienen una y saben lo que se siente.

 

Charly cambió la mente de muchos humanos. Su muerte no fue en vano, tal como le prometimos. Tiene un blog donde compartimos con todos los que lo querían su último mes de vida.

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